martes, 27 de septiembre de 2016

La correa de vez en cuando hace bien

Por: Enrique Soto

En mis años de adolescente fui de aquéllos que les toco su pela, tanto mi padre cómo mi madre fueron personas que nos corregían a correazos, en el caso de mi madre que aún esta viva todavía lo hace el respeto a los vecinos era un reglamento que los de mi generación debíamos cumplir al pié de la letra; hoy en día la realidad es otra.

En el 67.4% de los hogares dominicanos se practica la violencia como método disciplinario según presenta visión mundial en un estudio reciente. El uso de la violencia tiende a ser negado por padres y madres en las encuestas aplicadas en el estudio citado, 92%, padres/madres/personas adultas ejercen violencia pero no lo reconocen. Padres/madres no reconocen el uso de "las pelitas" como violencia.

Así se muestra en estudios cualitativos y etnografias que se han realizado en distintos lugares de nuestro país. Dar pela no se percibe como una acción violenta, por el contrario se considera que "una pela de vez en cuando le hace bien a un niño". Esta justificación de las pelas se presenta en padres/madres de distintas generacionales y estratos sociales.

En este discurso se contrasta pelas con maltrato. Se plantea que un niño o niña se maltrata cuando los golpes propinados generan algún daño físico visible. Mientras que las pelas pueden ser: "un simple chancletazo", "un correazo", "darle con una varita por los pies".

La legitimación de las pelas tiene que ver con la significación que tiene en nuestra cultura ser padres/madres o tutores/as. Los/las hijos son considerados como posesiones de padres y madres, quienes son responsables de su socialización y aprendizaje de las normas culturales. Esta transferencia y reproducción de la violencia de generación en generación, no sólo se circunscribe a la familia. En los grupos de pares, niños y niñas se golpean entre si y sus relaciones están bañadas de violencia cotidiana.

Tenemos, entonces, unas relaciones violentas cargadas de coerción social que se transfiere, se aprende, se moldea y norma en nuestra vida cotidiana en nuestro ambiente familiar, pasando por "dadas" y supuestas", legitimadas y aceptadas, y casi nunca cuestionadas, porque implican cuestionar nuestra propia práctica social.Esta violencia ejercida desde la niñez y adolescencia es parte del círculo de violencia que se convierte en espiral fortaleciendo la violencia estructural que permea toda nuestra sociedad. Niños, niñas, adolescentes y jóvenes que tienen o no vínculos con redes delictivas fueron en su totalidad reprimidos, castigados y violentados.

La violencia no se combate con violencia, sino con oportunidades, respeto a los derechos, equidad y ejercicio de una cultura de paz. La corrección de conductas de niños y niñas puede realizarse sin uso de pelas y con ello no se está criando "delincuentes" ni personas violentas.

En mi opinión debemos de promover campañas a favor del uso de la "ternura" y la comunicación horizontal como método de corrección de conductas y esto de seguro nos va a favorecer a que logremos cambios significativos en nuestra convivencia desde una cultura de paz, porque aunque a mi me criaron con mis correazos hoy estamos frente a una generación muy diferente a la de ayer donde no existían instrumentos como las diferentes redes sociales y otras cosas más; asi que les invito a que practiquemos la ternura, la comunicación y la comprensión en lugar se aquel acostumbrado correazo.


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