lunes, 22 de julio de 2019

Pensando en voz alta:Faride Raful y las verdades irrefutables



El cerebro no es un recipiente donde echas cosas, es una luz que debe ser encendida con la búsqueda de lo desconocido y el ejercicio constante.

La sociedad no necesita políticos, necesita hombres y mujeres buenos, sanos mentalmente.

La esperanza de la nación se debe buscar en las inquietudes de la juventud, sobre todo en aquellos que tienen el coraje de exponer sus talentos en algún tipo de actividad pública.

Cuando mi cerebro entró en contacto con la existencia de la Abogada, Comunicadora, Política y Diputada, Faride Virginia Raful Soriano, me impresionó mucho su gallardía, su coraje manifiesto, pero luego descubrí que sus efusivas y valientes críticas solo tienen ojos para las debilidades de sus adversarios y las bondades de sus compañeros. Eso lo hacen todos los políticos y eso no es lo que necesita la nación.

Hoy veo una gran bondad en ella, habla de sus creencias como si fueran verdaderas irrefutables, lo que hace de su mensaje una semilla fértil en terrenos con deseos de creer por la ansiedad que produce la duda.

Por el interés que despertó su perfil en mí, empecé a darle seguimiento al mensaje que se esconde detrás de sus palabras, antes de decirle "te admiro", pero lo que encontré no me gustó, no quiero decir que es malo. Lo hice con Víctor Gómez Casanova, con José Laluz, Ito Bisonó, Morrison. Ito Bisonó me parece coherente y a Morrison lo estoy estudiando.

Hoy escuché un debate, en el programa Zol de la mañana, con el Argentino Agustín Laje Arrigone, en donde percibí un rasgo de la personalidad de la legisladora que sospechaba tenía. Faride plantea sus creencias como verdades irrefutables, aunque sus argumentos sean débiles. Cuando no puede imponerse con sus argumentos ataca a su adversario, sustituyendo la razón por la emoción. En ese escenario Laje mostró argumentos muy contundentes y Faride mucha pasión.

Necesitamos mujeres y hombres que sean auténticos nacionalistas, que sus ideas se extiendan más allá de las parcelas políticas y los intereses grupales.

La realidad debe ser el juez último de nuestras ideas, pero penetrarla es un tanto difícil.

Noel De La Rosa

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